lunes, 24 de mayo de 2010

Raazbal, fragmento del capítulo 2

Fragmento del capítulo segundo de la novela Raazbal, de Óscar Bribián:

"Martín manejaba las riendas del carromato tirado por bueyes, haciendo caso omiso de las miradas y los comentarios de la gente que saludaba al conde afectuosamente. Ambos iban sentados en el pescante, y detrás de ellos, custodiando el plúmbeo cargamento de barriles de vino, permanecían el bueno de Andrés y el gigantón Vicente, dos hombres de la guardia del conde.
Poco antes habían atravesado las puertas del recinto amurallado que rodeaba la ciudad, y ahora dejaban la amplia y bulliciosa plaza del mercado para adentrarse en la calleja del vinatero. La ciudad parecía un verdadero pozo de basura, debido a la cantidad de barro producido por las lluvias estivales y los desechos que la gente descargaba en la calle. Prácticamente en todas las ciudades del reino había que atravesar dichas calles pisando sobre tablones y defender las casas con diques de piedra. Solo en Tesara, la capital, las avenidas más céntricas y distinguidas estaban pavimentadas. Pero allí las rodadas quedaban enterradas de tal modo en el barro que los carros apenas podían salirse de ellas para dejar paso al que viniese en dirección contraria. El estiércol se depositaba sin miramiento alguno en la calle, ni más ni menos que las demás basuras, y los mendigos dormían sobre este terreno inmundo, envueltos en harapos. Muchos de ellos aguardaban en la puerta de la iglesia a las señoras que salían de misa, tendiéndoles entonces sus demacradas manos para recibir una mísera limosna."

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