Gran poema del libro Hacia el final del laberinto, de Rosendo Tello.
Revelación en negro
Con corazón cansado y cuerpo enfermo
empiezo a verme ya, perdido el pulso
de días juveniles. Sin aliento,
pues todo lo que he sido y ya no soy
certifica el futuro que me aguarda:
un libro deshojado entre las piedra,
la sombra contra un muro, la esperanza
como un reloj sin cuerda, agraces frutos
que habrán de madurar al pie del árbol
que abatió el huracán de la existencia.
Condicional fue el tiempo de mi vida
Y al fin ya soy el incondicional
Pasajero que avanza hacia la nada.
Si me levanto, ignoro a qué he venido,
Y al acostarme ensayo la postura
Que adoptaré cuando me venza el sueño
Y mis ojos se cierren para siempre.
Revelación en negro de la vida,
Fotografía de un desconocido
Que el tiempo borrará con su silencio.
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sábado, 10 de septiembre de 2011
lunes, 5 de septiembre de 2011
Lugares comunes, de Octavio Gómez Milián
Extractos del poemario Lugares comunes, de Octavio Gómez Milián.
Extracto del poema La misión
Mira esos tubos terribles,
los gases silenciosos
que destiñen el maquillaje
de los portales,
son como el humus violento
que trae el pan negro del alba.
Extracto del poema STAR ME KITTEN:
Estamos tan cansados de ser libres
que olisqueamos como perros
las cadenas en cada esquina.
Extracto del poema La misión
Mira esos tubos terribles,
los gases silenciosos
que destiñen el maquillaje
de los portales,
son como el humus violento
que trae el pan negro del alba.
Extracto del poema STAR ME KITTEN:
Estamos tan cansados de ser libres
que olisqueamos como perros
las cadenas en cada esquina.
miércoles, 31 de agosto de 2011
Poemas de Manuel Martínez Forega
Poemas escogidos del libro Ademenos, de Manuel Martínez Forega, editado por Olifante.
Sociedad de consumo
Esperamos de la vida cosas sorprendentes
y sólo nos entrega la muerte por sorpresa.
Vitae I
Mira ese leño ardiendo
y contempla lo que eres
Publio Vergili Maronis
Cuando llegas a casa
sin haber dicho una sola palabra
debiendo decir tanto,
te preguntas si es cierto que la causa
es la razón o es motivo el instinto
de tu cabal desdicha.
Tempestad en San Vicente
Yo he visto alados, móviles
espejos como fuegos
de plata
rompiendo del cielo los cristales
Y he visto los párpados
de los dioses airados
entrearirse
mostrando los horrores
de la noche
Y sus cabellos agitarse
en trallazos de luz
espantosa.
En el mar,
despierto sobre tinieblas móviles.
Sociedad de consumo
Esperamos de la vida cosas sorprendentes
y sólo nos entrega la muerte por sorpresa.
Vitae I
Mira ese leño ardiendo
y contempla lo que eres
Publio Vergili Maronis
Cuando llegas a casa
sin haber dicho una sola palabra
debiendo decir tanto,
te preguntas si es cierto que la causa
es la razón o es motivo el instinto
de tu cabal desdicha.
Tempestad en San Vicente
Yo he visto alados, móviles
espejos como fuegos
de plata
rompiendo del cielo los cristales
Y he visto los párpados
de los dioses airados
entrearirse
mostrando los horrores
de la noche
Y sus cabellos agitarse
en trallazos de luz
espantosa.
En el mar,
despierto sobre tinieblas móviles.
jueves, 25 de agosto de 2011
Con las piedras, con el viento, de José Hierro
Poema Con las piedras, con el viento (1950), de José Hierro, uno de los grandes poetas españoles.
Con las piedras, con el viento
hablo de mi reino.
Mi reino vivirá mientras
estén verdes mis recuerdos.
Cómo se pueden venir
nuestras murallas al suelo.
Cómo se puede no hablar
de todo aquello.
El viento no escucha. No
escuchan las piedras, pero
hay que hablar, comunicar,
con las piedras, con el viento.
Hay que no sentirse solo.
Compañía presta el eco.
El atormentado grita
su amargura en el desierto.
Hay que desendemoniarse,
liberarse de su peso.
Quien no responde, parece
que nos entiende,
con las piedras, con el viento.
Se exprime así el alma. Así
se libra de su veneno.
Descansa, comunicando
con las piedras, con el viento.
Con las piedras, con el viento
hablo de mi reino.
Mi reino vivirá mientras
estén verdes mis recuerdos.
Cómo se pueden venir
nuestras murallas al suelo.
Cómo se puede no hablar
de todo aquello.
El viento no escucha. No
escuchan las piedras, pero
hay que hablar, comunicar,
con las piedras, con el viento.
Hay que no sentirse solo.
Compañía presta el eco.
El atormentado grita
su amargura en el desierto.
Hay que desendemoniarse,
liberarse de su peso.
Quien no responde, parece
que nos entiende,
con las piedras, con el viento.
Se exprime así el alma. Así
se libra de su veneno.
Descansa, comunicando
con las piedras, con el viento.
sábado, 20 de agosto de 2011
Poema de Guillermo Carnero
Descubierto el poemario Dibujo de la muerte (1967) de Guillermo Carnero (tras tener de él varias referencias), pongo aquí su excelente poema inicial Ávila.
Ávila
En Ávila la piedra tiene cincelados pequeños corazones de nácar
y pájaros de ojos vacíos, como si hubiera sido el hierro martilleado por Fancelli
buril de pluma, y no corre por sus heridas ni ha corrido nunca la sangre,
lo mismo que de los cuellos tronchados sólo brota el mismo mármol que se entrelaza al borde de los dedos
en un contenido despliegue de pétalos y ramas,
en delgados cráneos casi transparentes en la penumbra de las bóvedas
que conservan la ligera sombra azul de los ojos yertos en las raíces de la lluvia,
la morbidez, las redondas mejillas de los niños nacidos al mármol para la muerte,
los senos vagamente estériles de las Parcas diluidas en rígidos ramos de volutas y frutos,
el doloroso latir de las irisadas tibias sobre los cojincillos de mármol, ondulados
para ofrecer un reposo caliente y amortiguar la delgadez helada
de esa mano de ámbar que acaricia con el pausado ritmo de la lluvia
la cabeza de un perro también muerto en la piedra,
muerto en la piedra junto a unos dedos y un cuerpo demasiado hermosos para haber vivido,
muerto en la piedra mientras se escucha brotar hacia la tumba
toda una inmensa vegetación de alas.
Luego, por la ciudad, tiene la noche
un lejano horizonte de olivos y acaso alguna ermita
entre las llamas de color de cardo que suben hasta las figurillas
de bronce de las fuentes,
los jirones de almenas lamiendo entre la noche
el torturado brazo de las norias,
los jirones de almenas ardiendo como un turbio
arroyo, entre el helado crepitar de las fuentes,
entre el resbaladizo gotear, en el aire
de la estepa, del sordo sonido de los siglos.
A pesar de la noche, es imposible
reconstruir su muerte.
Ir ensamblando antiguos inciensos y sudarios,
medallones, y viene hasta mí el golpeteo
de un caballo en los lisos espejos de la noche,
es imposible, nadie sabrá, ni esas raíces
ni esas pequeñas uvas de humedad y salitre
ni ese tenue azabache como el salto de un pájaro
que al trasluz se desliza, en los atardeceres,
al fondo de la carne de los ángeles muertos en el mármol.
Hay algún bar abierto en donde suena un disco.
Es tan vasto tu reino que no puede llenarte,
pero yo sé que nada hay de ti en tus libros,
en tus palabras, nada puede saberse, nada
puedes mostrar.
También tú has recibido la oscura herencia de un inmenso dominio inaccesible
que no tiene ni principio ni fin ni esperanza en el tiempo.
Pero hoy algo renace en las pequeñas flores de óxido de las órbitas vacías,
levanta por entre los hacinamientos de escorias ecos y presencias de pájaros,
transcurre con un ligero temblor de alas por los delgados caminos de la sangre, despierta
amortiguadas voces al fondo de los cuerpos, inicia
los ahogados latidos de los fríos corazones de hierro.
Por eso, entre el inmenso latido de la noche.
Elevado entre un rumor de vides húmedas, es triste
no tener ni siquiera un puñado de palabras, un débil
recuerdo tibio para aquí, en la noche,
imaginar que algún día podremos
inventarnos, que al fin hemos vivido.
Ávila
En Ávila la piedra tiene cincelados pequeños corazones de nácar
y pájaros de ojos vacíos, como si hubiera sido el hierro martilleado por Fancelli
buril de pluma, y no corre por sus heridas ni ha corrido nunca la sangre,
lo mismo que de los cuellos tronchados sólo brota el mismo mármol que se entrelaza al borde de los dedos
en un contenido despliegue de pétalos y ramas,
en delgados cráneos casi transparentes en la penumbra de las bóvedas
que conservan la ligera sombra azul de los ojos yertos en las raíces de la lluvia,
la morbidez, las redondas mejillas de los niños nacidos al mármol para la muerte,
los senos vagamente estériles de las Parcas diluidas en rígidos ramos de volutas y frutos,
el doloroso latir de las irisadas tibias sobre los cojincillos de mármol, ondulados
para ofrecer un reposo caliente y amortiguar la delgadez helada
de esa mano de ámbar que acaricia con el pausado ritmo de la lluvia
la cabeza de un perro también muerto en la piedra,
muerto en la piedra junto a unos dedos y un cuerpo demasiado hermosos para haber vivido,
muerto en la piedra mientras se escucha brotar hacia la tumba
toda una inmensa vegetación de alas.
Luego, por la ciudad, tiene la noche
un lejano horizonte de olivos y acaso alguna ermita
entre las llamas de color de cardo que suben hasta las figurillas
de bronce de las fuentes,
los jirones de almenas lamiendo entre la noche
el torturado brazo de las norias,
los jirones de almenas ardiendo como un turbio
arroyo, entre el helado crepitar de las fuentes,
entre el resbaladizo gotear, en el aire
de la estepa, del sordo sonido de los siglos.
A pesar de la noche, es imposible
reconstruir su muerte.
Ir ensamblando antiguos inciensos y sudarios,
medallones, y viene hasta mí el golpeteo
de un caballo en los lisos espejos de la noche,
es imposible, nadie sabrá, ni esas raíces
ni esas pequeñas uvas de humedad y salitre
ni ese tenue azabache como el salto de un pájaro
que al trasluz se desliza, en los atardeceres,
al fondo de la carne de los ángeles muertos en el mármol.
Hay algún bar abierto en donde suena un disco.
Es tan vasto tu reino que no puede llenarte,
pero yo sé que nada hay de ti en tus libros,
en tus palabras, nada puede saberse, nada
puedes mostrar.
También tú has recibido la oscura herencia de un inmenso dominio inaccesible
que no tiene ni principio ni fin ni esperanza en el tiempo.
Pero hoy algo renace en las pequeñas flores de óxido de las órbitas vacías,
levanta por entre los hacinamientos de escorias ecos y presencias de pájaros,
transcurre con un ligero temblor de alas por los delgados caminos de la sangre, despierta
amortiguadas voces al fondo de los cuerpos, inicia
los ahogados latidos de los fríos corazones de hierro.
Por eso, entre el inmenso latido de la noche.
Elevado entre un rumor de vides húmedas, es triste
no tener ni siquiera un puñado de palabras, un débil
recuerdo tibio para aquí, en la noche,
imaginar que algún día podremos
inventarnos, que al fin hemos vivido.
martes, 16 de agosto de 2011
Poema de Dolan Mor nº 2
Extracto de La biblioteca de huesos, del poemario Nabokov’s Butterflies, de Dolan Mor.
Entendemos como decir “amor” / “mariposa” o “salud”? /
Será mejor mudarnos todos al cementerio /
Hablemos con los muertos su lenguaje infernal /
Imitemos sus libros invisibles / de viento /
Soplemos verbo y gracia bajo un cielo sin luz /
No hay mejor biblioteca que la de un camposanto /
Vayamos a leer inmóviles su tiempo /
Entendemos como decir “amor” / “mariposa” o “salud”? /
Será mejor mudarnos todos al cementerio /
Hablemos con los muertos su lenguaje infernal /
Imitemos sus libros invisibles / de viento /
Soplemos verbo y gracia bajo un cielo sin luz /
No hay mejor biblioteca que la de un camposanto /
Vayamos a leer inmóviles su tiempo /
sábado, 6 de agosto de 2011
Poema de Dolan Mor nº1
Poema del notable libro “Nabokov’s Butterflies”, de Dolan Mor
Un poema en forma de cuento que habla de una clase de filosofía al pie del monte Cervino
Y sin embargo andamos pobres por este mundo
porque ignoramos que los hombres se clasifican
-según el maestro alpinista-
en cuatro categorías:
1)los que se convierten en perros
y ladran al pie de la montaña
mientras los demás hombres suben
hacia una meta “imposible” /
2) los que se convierten en águilas /
pero viajan a tal velocidad que pierden
las alas/ caminan más allá de la cima /
y se despeñan al otro lado de las rocas /
3) los que siuben a una velocidad
media / y no son ni perros ni águilas /
sino búhos con alma de sabios /
pero cuando llegan a la cima /
por temor a quedarse ciegos de día /
no abren los ojos /
y 4) los que suben a una velocidad
que no les permite ser ni perro ni águila /
y saben / además / que son ignorantes
(unos sabios ignorantes) /
por eso cuando llegan a la cima /
una vez colocada la bandera sobre la meta /
se despojan de la ropa /
se quitan la cabeza /
meten el corazón bajo el hielo /
y sin aplausos ni palabras /
abren los ojos /
Un poema en forma de cuento que habla de una clase de filosofía al pie del monte Cervino
Y sin embargo andamos pobres por este mundo
porque ignoramos que los hombres se clasifican
-según el maestro alpinista-
en cuatro categorías:
1)los que se convierten en perros
y ladran al pie de la montaña
mientras los demás hombres suben
hacia una meta “imposible” /
2) los que se convierten en águilas /
pero viajan a tal velocidad que pierden
las alas/ caminan más allá de la cima /
y se despeñan al otro lado de las rocas /
3) los que siuben a una velocidad
media / y no son ni perros ni águilas /
sino búhos con alma de sabios /
pero cuando llegan a la cima /
por temor a quedarse ciegos de día /
no abren los ojos /
y 4) los que suben a una velocidad
que no les permite ser ni perro ni águila /
y saben / además / que son ignorantes
(unos sabios ignorantes) /
por eso cuando llegan a la cima /
una vez colocada la bandera sobre la meta /
se despojan de la ropa /
se quitan la cabeza /
meten el corazón bajo el hielo /
y sin aplausos ni palabras /
abren los ojos /
miércoles, 3 de agosto de 2011
Roma, de Ángel Sobreviela
Versos escogidos del libro Roma, de Ángel Sobreviela, publicado por Olifante. Poemario complejo, muy trabajado, de hondo componente mitológico.
VI
El sueño de la grandeza produce monstruos.
XXI
Las campanas se quiebran. El aire se llena de pólvora… Las lágrimas caen como estrellas.
XXXV
Los poemas pasan y escribir pasa. Y luego el frío, la calle desierta, volver a alimentarse y a esperar. Pero la logia de los bustos se extiende hasta un vergel. Me llevaré este recuerdo, como el aroma que, traspasado, el amante se lleva. En el manto, el cabello, los brazos.
VI
El sueño de la grandeza produce monstruos.
XXI
Las campanas se quiebran. El aire se llena de pólvora… Las lágrimas caen como estrellas.
XXXV
Los poemas pasan y escribir pasa. Y luego el frío, la calle desierta, volver a alimentarse y a esperar. Pero la logia de los bustos se extiende hasta un vergel. Me llevaré este recuerdo, como el aroma que, traspasado, el amante se lleva. En el manto, el cabello, los brazos.
lunes, 1 de agosto de 2011
El libro de los ibones, de Ángel Gracia
Versos escogidos del libro LIBRO DE LOS IBONES (editorial AQUA), de Ángel Gracia:
El libro no leído
No tiene nombre y es de nadie,
Sólo se hereda
De claro en claro.
La nieve cambia
en cada cumbre de nombre
Poema Quejigo
En su último otoño,
La hoja envejece
Y se enamora del brote.
El fruto se envenena
Antes de que llegue
El insecto.
Las raíces abren
La cicatriz de la tierra.
El libro no leído
No tiene nombre y es de nadie,
Sólo se hereda
De claro en claro.
La nieve cambia
en cada cumbre de nombre
Poema Quejigo
En su último otoño,
La hoja envejece
Y se enamora del brote.
El fruto se envenena
Antes de que llegue
El insecto.
Las raíces abren
La cicatriz de la tierra.
jueves, 10 de marzo de 2011
Las esquinas de la luna, de Luisa Miñana
Muy buen poemario de Luisa Miñana.
“Y algunas veces los niños nacen muertos, como los días” (del poema “Las esquinas de la luna”)
“Pero en mitad del atasco maldigo las virutas de tiempo que embalsaman las horas sin tiempo en la ciudad” (del poema “El locutor de radio”)
“La niebla cae
e impone su secreto increíble” (del poema “Los pasadizos de la ciudad antigua”)
“Y algunas veces los niños nacen muertos, como los días” (del poema “Las esquinas de la luna”)
“Pero en mitad del atasco maldigo las virutas de tiempo que embalsaman las horas sin tiempo en la ciudad” (del poema “El locutor de radio”)
“La niebla cae
e impone su secreto increíble” (del poema “Los pasadizos de la ciudad antigua”)
Versos de Mario Hinojosa
Recomendable el poemario de Mario Hinojosa, Báratro, editado por la editorial Eclipsados.
“el poeta se guardaba un arma, la autodestrucción” (Del poema “Madrid 06”)
“el poeta se guardaba un arma, la autodestrucción” (Del poema “Madrid 06”)
martes, 8 de marzo de 2011
Poemas de Nacho Escuín
"Una vez tus gestos me hicieron sentir transparente" (del poeta Nacho Escuín)
Del poemario Pop, de Nacho Escuín:
Del poema: "…sin ti no lo sabía… Elefantes"
“Porque busco ya sin fe tantas cosas, tantas, y admiro el silencio más aún que las palabras”
Del poema: "…y ya no he podido dormir como siempre me pasa… Los Planetas"
“Otras veces veo caras, piernas, brazos que no dicen nada y entonces, sólo entonces, necesito contarlo, escribir que todo a mi alrededor es silencio, como hoy, supongo, y todo blanco”
Del poemario Pop, de Nacho Escuín:
Del poema: "…sin ti no lo sabía… Elefantes"
“Porque busco ya sin fe tantas cosas, tantas, y admiro el silencio más aún que las palabras”
Del poema: "…y ya no he podido dormir como siempre me pasa… Los Planetas"
“Otras veces veo caras, piernas, brazos que no dicen nada y entonces, sólo entonces, necesito contarlo, escribir que todo a mi alrededor es silencio, como hoy, supongo, y todo blanco”
martes, 1 de marzo de 2011
"Poemas para los demás", de Ángel Guinda
Un libro magnífico, trasciende y logra que algo quede en el interior del lector.
Del poema "Escribir": “Si me quitan la palabra, escribiré con el silencio”
Del poema "Credo": “No espero la resurrección de los muertos. Espero la insurrección de los vivos.”
"El peso de lo que pasa" (poema completo, perteneciente también al libro "Poemas para los demás"):
Lo que le pasa a la Historia es la mentira.
Al sin techo le pesa el cielo encima.
Lo que le pasa a la paz siempre es la guerra.
A la economía le pesa la ambición.
Lo que le pasa al Poder es no poder.
A la Religión le pesa el fanatismo.
Lo que le pasa a la vida es la muerte.
A mí lo que me pasa eres tú.
Del poema "Escribir": “Si me quitan la palabra, escribiré con el silencio”
Del poema "Credo": “No espero la resurrección de los muertos. Espero la insurrección de los vivos.”
"El peso de lo que pasa" (poema completo, perteneciente también al libro "Poemas para los demás"):
Lo que le pasa a la Historia es la mentira.
Al sin techo le pesa el cielo encima.
Lo que le pasa a la paz siempre es la guerra.
A la economía le pesa la ambición.
Lo que le pasa al Poder es no poder.
A la Religión le pesa el fanatismo.
Lo que le pasa a la vida es la muerte.
A mí lo que me pasa eres tú.
sábado, 26 de febrero de 2011
Vivir del aire, de Antón Castro
Vivir del aire, buen poemario de Antón Castro.
Precioso el poema “Los dos que duermen”:
"…de gemidos y de risas y de batallas de sudor,
y me digo a mí mismo que, algunas veces, el mejor sonido es el del silencio, el de la respiración de dos que se aman y escuchan la música del corazón sin saber si despertarán."
Del poema "Vivir del aire":
“Vivir, a veces, es abandonarse, prescindir de la impostura, despojarse de la ambición y del vértigo: dejarse ir, hacia la inalcanzable montaña de nieve, con las manos en los bolsillos…”
Precioso el poema “Los dos que duermen”:
"…de gemidos y de risas y de batallas de sudor,
y me digo a mí mismo que, algunas veces, el mejor sonido es el del silencio, el de la respiración de dos que se aman y escuchan la música del corazón sin saber si despertarán."
Del poema "Vivir del aire":
“Vivir, a veces, es abandonarse, prescindir de la impostura, despojarse de la ambición y del vértigo: dejarse ir, hacia la inalcanzable montaña de nieve, con las manos en los bolsillos…”
jueves, 24 de febrero de 2011
versos de Miguel Ángel Yusta
Versos del poeta Miguel Ángel Yusta, extraídos de su libro Ayer fue sombra, una obra con poesía de mucha profundidad, que reniega de un pasado gris y abre un pequeño resquicio a la aurora del presente y el futuro.
Del poema “Trenes de vagones de madera”
“En la noche, la luna velaba las estepas,
La peinaban los árboles o la herían los cables”
Del poema “Nunca la derrota”
“Fue sombra ayer
Pero en las horas de las largas noches
Durmió el poema hasta llegar la aurora”
Del poema “Trenes de vagones de madera”
“En la noche, la luna velaba las estepas,
La peinaban los árboles o la herían los cables”
Del poema “Nunca la derrota”
“Fue sombra ayer
Pero en las horas de las largas noches
Durmió el poema hasta llegar la aurora”
domingo, 10 de octubre de 2010
Poemas recitados en Youtube
Ya he subido a Youtube varios de mis poemas recitados durante el pasado recital en el Divino Amore de Zaragoza, en septiembre de 2010:
Asesinato en la plaza
Amor desigual
Convención de instrumentos en Holland Park
Asesinato en la plaza
Amor desigual
Convención de instrumentos en Holland Park
miércoles, 6 de octubre de 2010
Recital en el Divino amore
El pasado 24 de septiembre recité poesía de mi autoría junto a Marcos Callau y Elisa Berna (cada cual con su propio repertorio), en el Divino Amore. Dicho recital formaba parte del ciclo de poetas jóvenes organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores y el Ayuntamiento de Zaragoza). Los concurrentes disfrutaron de los versos, que es lo que más importa, y los autores estuvimos muy a gusto en un ambiente cálido.
martes, 5 de octubre de 2010
Poesía V- El saxofón
El Saxofón
Eres rey del viento,
ungido entre cafés y cigarrillos.
Tuyas son las calles,
donde las monedas repiquetean tristes
sobre sombreros al revés.
Cada noche los intelectos te desean,
embriagados por tu hálito triste.
Te escondes de muchos,
vagando solitario en el mundo,
como aquéllos que rozan tus curvas.
Eres rey del viento,
ungido entre cafés y cigarrillos.
Tuyas son las calles,
donde las monedas repiquetean tristes
sobre sombreros al revés.
Cada noche los intelectos te desean,
embriagados por tu hálito triste.
Te escondes de muchos,
vagando solitario en el mundo,
como aquéllos que rozan tus curvas.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Poesía IV Abandonada
Abandonada
En el ángulo más recóndito de un cuarto humilde,
Descansa una flauta hecha de roble,
Silenciosa y con los orificios obturados
la cubren arañas que tejen el olvido de su dueño.
Es una serpiente vanidosa
Erguida y apoyada contra la pared desnuda
Recuerdo de una niñez musical,
De un poeta que la engañó con un saxofón.
En el ángulo más recóndito de un cuarto humilde,
Descansa una flauta hecha de roble,
Silenciosa y con los orificios obturados
la cubren arañas que tejen el olvido de su dueño.
Es una serpiente vanidosa
Erguida y apoyada contra la pared desnuda
Recuerdo de una niñez musical,
De un poeta que la engañó con un saxofón.
viernes, 24 de septiembre de 2010
Poesía III La humanidad perdida
La humanidad perdida
¿Quién nos recordará?
Cuando la humanidad sea un monumento lejano
Un menhir solitario en lo alto de un cerro
El antecesor de una raza nueva
Cuando ya ninguno de nosotros pueble la Tierra
Y los mares sean desiertos,
y las lunas y los soles brillen al unísono,
cuando el oxígeno sea un componente extraño
en el aire enrarecido del mañana
cuando las nubes negras sean cielo,
y las plantas ya no den flores,
y los árboles nazcan encorvados
y los roedores sigan siendo los mejores supervivientes.
¿Quién nos recordará?
¿Quién nos recordará?
Cuando la humanidad sea un monumento lejano
Un menhir solitario en lo alto de un cerro
El antecesor de una raza nueva
Cuando ya ninguno de nosotros pueble la Tierra
Y los mares sean desiertos,
y las lunas y los soles brillen al unísono,
cuando el oxígeno sea un componente extraño
en el aire enrarecido del mañana
cuando las nubes negras sean cielo,
y las plantas ya no den flores,
y los árboles nazcan encorvados
y los roedores sigan siendo los mejores supervivientes.
¿Quién nos recordará?
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